11/09/2026

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8 empresas que colapsaron después de salir a bolsa

Empresas que colapsaron al salir de la bolsa

Cotizar en bolsa transmite una sensación de solidez: si una empresa es lo suficientemente grande y confiable como para que millones de personas compren sus acciones, parece razonable asumir que seguirá ahí por décadas. La historia del mercado bursátil demuestra lo contrario. Empresas que alguna vez fueron sinónimo de estabilidad, e incluso de dominio absoluto en su industria, han desaparecido por completo, y entender por qué es una de las mejores lecciones de riesgo que puede aprender un inversionista.

Cuando el fraude contable derrumba todo

El caso más citado en la historia reciente es Enron, la gigante energética estadounidense que en el año 2000 llegó a valer más de 60,000 millones de dólares y que colapsó en cuestión de meses en 2001, tras descubrirse que había ocultado miles de millones de dólares en deuda mediante estructuras contables fraudulentas. Poco después, en 2002, la empresa de telecomunicaciones WorldCom protagonizó uno de los fraudes contables más grandes de la historia al inflar artificialmente sus utilidades por más de 3,800 millones de dólares, lo que llevó a la que en su momento fue la mayor quiebra corporativa registrada hasta entonces en Estados Unidos. Ambos casos llevaron directamente a la creación de la ley Sarbanes-Oxley, que endureció los requisitos de transparencia contable para todas las empresas públicas.

Cuando el apalancamiento excede lo que el negocio puede sostener

La crisis financiera de 2008 se llevó consigo a varias instituciones que parecían demasiado grandes para caer. Lehman Brothers, uno de los bancos de inversión más antiguos de Wall Street, se declaró en quiebra en septiembre de 2008 tras acumular una exposición excesiva a hipotecas de alto riesgo, en el evento que muchos consideran el punto de quiebre simbólico de la crisis financiera global. Ese mismo año, Washington Mutual se convirtió en la mayor quiebra bancaria en la historia de Estados Unidos, tras ser intervenida por reguladores federales y vendida en condiciones de emergencia. Estos casos son un recordatorio de que incluso instituciones financieras enormes pueden desaparecer casi de la noche a la mañana cuando el apalancamiento supera lo que el negocio real puede sostener.

 

Crisis del 2008

 

Cuando la disrupción tecnológica llega más rápido que la reacción

Otro grupo de desapariciones no tiene que ver con fraude ni con deuda excesiva, sino con la incapacidad de adaptarse a tiempo. Blockbuster, que en su mejor momento operaba miles de tiendas de renta de videos en todo el mundo, se declaró en quiebra en 2010 después de rechazar oportunidades de asociarse o adquirir a Netflix años antes, cuando el cambio hacia el streaming todavía parecía incierto. Kodak, la empresa que prácticamente inventó la fotografía popular, se declaró en quiebra en 2012 pese a haber desarrollado tecnología de cámaras digitales internamente décadas antes, por priorizar su negocio tradicional de película fotográfica. Circuit City, en su momento uno de los principales minoristas de electrónica de Estados Unidos, cerró operaciones en 2009 incapaz de competir con la eficiencia de costos de rivales como Best Buy.

Cuando la deuda de una adquisición apalancada asfixia al negocio

Un patrón distinto, pero igualmente frecuente, es el de empresas que colapsan no por un mal negocio operativo, sino por la deuda heredada de una compra apalancada (leveraged buyout). Toys “R” Us, la icónica cadena de jugueterías, se declaró en quiebra en 2017 y cerró todas sus tiendas en Estados Unidos al año siguiente, en gran parte porque cargaba miles de millones de dólares en deuda desde su adquisición por fondos de capital privado en 2005, deuda que consumía una parte enorme de su flujo de caja operativo. Sears, alguna vez el minorista más grande de Estados Unidos, siguió un camino similar, arrastrando años de reestructuraciones de deuda hasta declararse en quiebra en 2018.

Colapsos más recientes

Este fenómeno no quedó en el pasado. En marzo de 2023, Silicon Valley Bank colapsó en cuestión de días tras una corrida bancaria provocada por pérdidas no realizadas en su portafolio de bonos, en la quiebra bancaria más grande de Estados Unidos desde 2008. Ese mismo mes, Credit Suisse, uno de los bancos más antiguos de Europa, fue absorbido de emergencia por UBS y dejó de cotizar de forma independiente. Y WeWork, la empresa de espacios de coworking que llegó a valer 47,000 millones de dólares en su etapa privada, se declaró en quiebra en noviembre de 2023, apenas dos años después de finalmente salir a bolsa.

 

Colapso de Silicon Valley en 2023

 

Lo que tienen en común

Varias de estas empresas, entre ellas Lehman Brothers, Washington Mutual y Sears, formaron parte del S&P 500 index durante años antes de ser retiradas del índice tras su quiebra, un recordatorio de que ni siquiera pertenecer al grupo de las empresas más grandes de Estados Unidos garantiza la permanencia indefinida. El índice se rebalancea de forma constante, sustituyendo a las empresas que desaparecen por otras que cumplen sus criterios de inclusión.

Esa es, precisamente, una de las razones más sólidas a favor de la inversión diversificada: cuando se posee una sola acción, el riesgo de que esa empresa específica desaparezca por fraude, exceso de deuda o disrupción tecnológica recae por completo en el inversionista. Cuando se posee un índice amplio, ese mismo riesgo se diluye entre cientos de empresas, y la desaparición ocasional de alguna de ellas —por dramática que sea su historia— tiene un impacto marginal en el portafolio completo.