Invertir en un fondo indexado suele presentarse como sinónimo de diversificación segura: en lugar de apostar por una sola empresa, se compra una porción de cientos de ellas a la vez. Es una ventaja real y bien documentada, pero también una verdad incompleta. La indexación reduce un tipo específico de riesgo de forma muy efectiva, deja prácticamente intacto otro tipo de riesgo, y en ciertos casos puede generar una falsa sensación de diversificación que no siempre corresponde con la realidad de la cartera.
El riesgo no sistemático
La teoría financiera distingue entre dos tipos de riesgo. El riesgo no sistemático, o específico de cada empresa, es el que surge de eventos propios de un negocio particular: un mal reporte trimestral, un escándalo corporativo, la pérdida de un cliente clave. Este tipo de riesgo se reduce de forma muy eficiente al diversificar, porque los eventos negativos de una empresa suelen ser independientes de los de otra. El estudio clásico de los investigadores Edwin Elton y Martin Gruber estableció que, a partir de aproximadamente 20 acciones bien seleccionadas, el riesgo de una cartera ya no se reduce de forma significativa al añadir más posiciones. Benjamin Graham, por su parte, recomendaba mantener entre 10 y 30 empresas distintas. Un fondo indexado que replica cientos de compañías supera ampliamente ese umbral, por lo que en este frente cumple su función casi a la perfección.
El riesgo sistemático
El problema es que existe un segundo tipo de riesgo, el sistemático o de mercado, que ninguna cantidad de diversificación dentro de una misma clase de activo puede eliminar. Este riesgo proviene de factores que afectan a todas las empresas simultáneamente: una recesión, un shock de tasas de interés, una crisis geopolítica. Cuando el mercado en su conjunto cae, prácticamente todas las acciones dentro de un índice caen también, en mayor o menor medida. La indexación diversifica el riesgo de que una sola empresa fracase, pero no protege contra la posibilidad de que el mercado completo atraviese un periodo bajista generalizado.
La concentración dentro del propio índice
Existe además un problema más sutil y menos discutido: la diversificación que ofrece un índice depende de qué tan repartido esté su propio peso interno. Hacia abril de 2026, las llamadas “Magnificent Seven” representaban 30.44% del peso total del S&P 500, y las diez posiciones más grandes concentraban 35.59% del índice. Medido a través del índice de concentración Herfindahl-Hirschman, esta distribución equivale, en términos de diversificación efectiva, a tener solo 54 empresas realmente independientes dentro de las 503 que componen el índice. Más revelador aún: esas siete empresas generan cerca de 70% de las utilidades totales del S&P 500, lo que significa que buena parte del desempeño del índice depende, en la práctica, de un puñado reducido de compañías.
Diversificar “en papel” vs. diversificar de verdad
Esta concentración se replica incluso cuando el inversionista cree estar diversificando más allá de Estados Unidos. El índice MSCI World, que agrupa cerca de 1,400 empresas de 23 países desarrollados, está compuesto entre 65% y 70% por acciones estadounidenses, y las Magnificent Seven representan por sí solas cerca de 18% de su peso total. Un inversionista que combina un fondo del S&P 500 con uno del MSCI World, pensando que está repartiendo el riesgo entre distintos mercados, puede terminar con entre 22% y 25% de su cartera total concentrada, de forma directa o indirecta, en esas mismas siete empresas tecnológicas, sin necesariamente ser consciente de ello.
Cuando la correlación falla justo cuando más se necesita
Un riesgo adicional aparece precisamente en los momentos de crisis, cuando la diversificación debería ofrecer más protección. Durante caídas generalizadas del mercado, la correlación entre la mayoría de las acciones tiende a aumentar: los inversionistas venden de forma indiscriminada, sin distinguir tanto entre la calidad de una empresa u otra, lo que reduce temporalmente el beneficio de mantener muchas posiciones distintas justo en el periodo donde ese beneficio sería más valioso.
Entonces, ¿vale la pena la indexación?
Nada de esto significa que la indexación sea una mala estrategia; significa que hay que entender exactamente qué tipo de riesgo reduce y cuál no. Frente a mantener una sola acción o un puñado reducido de posiciones no relacionadas, la indexación sigue siendo una de las formas más eficientes y de menor costo para eliminar el riesgo específico de cada empresa. Lo que no logra, y probablemente nunca podrá lograr por su propio diseño, es eliminar el riesgo del mercado en su conjunto ni, en índices ponderados por capitalización como el S&P 500, evitar cierto grado de concentración interna en las empresas que más han crecido.
Entender esta distinción no debería desalentar el uso de fondos indexados, pero sí ayuda a construir expectativas realistas: reducen de forma notable un tipo de riesgo, moderan pero no eliminan otro, y conviene revisar periódicamente qué tan concentrado está realmente el índice que se está replicando antes de asumir que “estar diversificado en cientos de empresas” es sinónimo de estar protegido de cualquier escenario adverso.
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